Me pidieron que hiciera una reflexión de cierre de mis años en CAS. Terminar la secundaria para mi no significa terminar con CAS, no veo por qué debe terminar.
Siempre estuvieron dentro de mi esas ganas de ayudar. En los colegios a los que fui antes de San Marcos no existía CAS. No había una misión. Sin embargo, desde chiquita abría los cajones para buscar ropa para los nenes de la iglesia de la chica que me cuidaba. Ella me enseño a bordar, y juntas hacíamos ropa para muñecos, que luego las mandábamos a la iglesia. Yo no se si fue verdad, pero ella una vez me dijo que mi nombre fue pegado en una placa por ayudar. Nunca supe si fue verdad, pero eso me impacto, y quise seguir ayudando.
Cuando entre al San Marcos me encontré con un colegio totalmente distinto a los otros. En todos se hablaba de la solidaridad, pero en todos hacía falta lo que San Marcos no carecía: ACCIÓN.
Desde que entré en octavo empece a ayudar, hacíamos juegos para las misiones con las profes, adornábamos cuadernitos, separaba ropa para mandar a Yapeyú. Era algo totalmente nuevo para mi, me hacía sentir bien. Cada año cuando llegaba el día de "llevar las cajas al micro", estaba eufórica, y quería que me tocara a mi ir a Yapeyú.
En primero polimodal tuve la suerte de poder ir a Cañuelas. Que buen día. Pintamos paredes, merendamos con los nenes de una escuela, y jugamos al fútbol con ellos. Esa fue la primera vez que tuve contacto directo con la gente a la que estaba "ayudando" en cierta manera.
Al año siguiente me toco por fin ir a Yapeyú. Fue uno de los mejores viajes que hice con el colegio. La pase tan bien. Me encantó el trabajo en equipo, como tener un fin en común nos unió a todos. Ver a la gente feliz por nuestra llegada, nenes saludándonos con sus manitos cuando estábamos arriba del micro. La sonrisa de un nene cuando le dimos su "peduche" como el decía. Ver a los padres felices porque ahora tenían mantas, y abrigo para sus hijos, útiles para ir al colegio. Son cosas que nunca voy a olvidar.
Este año tuve la suerte de poder volver a Yapeyú y ver a las mismas familias del año pasado, ver como habían crecido los chicos, ver que tenían la ropita que les habíamos dado el año pasado impecable. Conocí muchas familias nuevas. Gente hermosa, llena de bondad, todos con una historia para contar.
No sólo fueron las misiones mis tareas CAS. CAS me ayudo a abrirme como persona. Sin darme cuenta aprendí sola a enseñar, a buscar la manera para enseñar a chicos mas chiquitos, para que entiendan. De a poco me fui abriendo y pude lograr poco a poco mis objetivos al enseñar, que aprendan y aprueben.
En CAS fui maestra y profesora, enseñando ingles; artesana, armando cartucheras, juegos, cuadernos y escarapelas; profe de gimnasia! Ayudando un mediodía a hacer juegos deportivos para los nenes de primaria; actriz! Personificando a Dolores, la esposa de Belgrano, para el acto del 20 de junio.
Todos estos roles y estas actividades van a quedar por siempre dentro de mi. CAS me enseño cosas que ninguna otra materia pudo haber hecho. Me enseño que el trabajo en equipo es lo más importante cuando se quiere lograr un objetivo, al igual que el compromiso y la perseverancia. Si uno se propone algo poco a poco lo va a ir logrando. Por más imposible que parezca. CAS me enseño que el dar puede ser mucho mas gratificante que el recibir. Y que una sonrisa o una mirada puede hacerte sentir mejor que cualquier objeto material que puedas pedir. Me voy del colegio con todo esto aprendido. Y agradezco a todos lo que hicieron esto posible: directivos, maestros, profesores y padres. Espero que nunca se pierda esta energía única que encontré en San Marcos por querer ayudar. Espero que todos los alumnos que siguen tengan la misma posibilidad que tuve yo, encontrar la felicidad al ayudar.
Como dije antes esto para mi no es el final de un ciclo. CAS ya no será una materia en mi vida. Sino una forma de vida. Como dije una vez en una de mis publicaciones, siempre creí que el ser médico es uno de los trabajos más solidarios que pueden existir. Es una carrera sacrificada, larga y difícil que uno hace por el otro. Uno elije dedicar su vida al otro, y ayudarlo. Tuve la suerte de animarme y elegir esta forma de vida. Espero que este sentimiento solidario quede en mi toda la vida, y pueda ejercer la medicina de la manera más honesta y solidaria posible.
Dejo la última frase, una que me hizo pensar mucho.
Qué bella reflexión, Pauli!
ResponderEliminarTranquilamente podrías reemplazar CAS por San Marcos en cada frase.
Porque es más que una materia, son todos los profes y compañeros los que tiran del carro del amor por el otro y por uno como persona única y
digna!